La mayoría de bebés que nacen antes de las 40 semanas de gestación pueden presentar algunas enfermedades, por falta de desarrollo. En Guatemala, dos de cada diez nacimientos que se registran son prematuros y requieren hospitalización.
Silvia Morales es madre de tres niñas que nacieron prematuras. La primera, María Isabel, nació de 34 semanas de gestación. Aunque fue un nacimiento sorpresa la bebé no tuvo mayores complicaciones, por lo que estuvo en incubadora por 12 horas por control y luego fue a casa con su mamá. “Así conocí el tema de los bebés prematuros. Sin embargo, más adelante la vida me puso más retos”, dice Morales.

A los cinco años quedó embarazada nuevamente. Con Marinés, su segunda hija, vivió un embarazo complicado porque sufrió de desprendimiento de placenta durante las primeras semanas, desarrolló arritmia cardiaca y tuvo hemorragias, por lo que los médicos ya esperaban que se diera un nacimiento prematuro. La bebé nació de 32 semanas y pesó cinco libras. Debido a que tenía buena salud no necesitó estar en incubadora y fue a casa con su mamá de inmediato.
Al año siguiente Silvia estaba esperando a su tercera hija. Debido a los embarazos anteriores ya esperaban que el tercero también fuera prematuro. El embarazo se desarrollaba con naturalidad, sin embargo, un día sintió que la bebé no se movía, por lo que fue con el médico y junto a su equipo de especialistas decidieron que debían practicar la cesárea porque algo pasada con la bebé.
Natalia nació de 30 semanas, pesó 3.3 libras y necesitó estar 28 días en la Unidad de Cuidados Intensivos Neonatales (UCIN). Durante ese tiempo se enfrentó a varios retos debido a que sus pulmones no estaban completamente desarrollados, por lo que necesitó ventilación mecánica en su máxima intensidad.







