Si bien las grandes cadenas de fast food se han convertido en una gran fuente de generación de empleo, lo cierto es que las condiciones laborales que ofrece a sus empleaos han sido cuestionadas en gran parte del mundo. El salario es un tema recurrente y ahora se trata de un problema que ha puesto a McDonald’s en el ojo del huracán.

Y es que ahora se ha acusado a la cadena de comida de rápida de haber vigilado por años a los empleados ubicados en Estados Unidos que se organizan en sindicatos para exigir un aumento de salario por 15 dólares por hora.

Los hechos
La información viene de la mano de un informe entregado por Vice en el cual, con base en supuestos documentos internos filtrados, se asegura que McDonald’s cuenta con un equipo de inteligencia dedicado a vigilar a los colaboradores que exigen mejorar sus condiciones laborales al considerar que dichos empleados pueden ser una “amenaza para la seguridad”.
A decir del reporte, desde oficiaos ubicadas en Londres y Chicago, los analistas mencionados utilizan ciertas herramientas para rastrear y espiar las redes sociales de los trabajadores de McDonald’s en todo el mundo que buscan crear sindicados y convocar a protestas para conseguir un aumento en el salario mínimo que perciben.
Tal como lo indican desde Vice, el equipo de inteligencia de la cadena de fast food busca “inteligencia política sobre panoramas políticos difíciles en mercados complejos que podrían causar importantes perturbaciones en las empresas y afectar a los rendimientos de las inversiones”.
En otras palabras, intentarían encontrar cómo la organización en sindicatos de sus empleados y un posible aumento de salario perjudicaría a la compañía.
El mencionado medio, cita de manera anónima a dos ex empleados corporativos de McDonald’s quienes detallaron cómo, presuntamente, el programa de inteligencia creó perfiles falsos en Facebook para reconstruir las redes de amigos de los trabajadores implicados en el movimiento de protesta. Desde McDonald’s negaron las acusaciones.
Entre espionaje y privacidad
Lo cierto es que este problema ha tomando un nuevo aire con la organización de los usuarios y las aparentes herramientas que las marcas emplean para limitar el avance de estos grupos de activistas que exigen una mayor compensación.
El tema a trascendido a la categoría de comida rápida. Cientos de marcas han sido acusadas de espiar a sus trabajadores para garantizar el buen funcionamiento de sus operaciones, situación que se ha convertido en un duro golpe a su reputación.






