En general, poner los cuernos a esa persona con la que tenemos una relación de confianza siempre es algo bastante feo de hacer. Pero si, además, tratamos a esa persona como si fuese estúpida y como si nunca se fuese enterar de nada, aún es peor, ya que esa falta de respeto no solo consiste en dar rienda suelta a nuestra pasión, sino que, directamente, nos estamos riendo en la cara de esa otra persona.
Seguramente, existen tantas historias de cuernos como de relaciones, con lo cual es normal que, entre todas ellas, haya algunas más escabrosas que otras. Mientras hay algunas que consisten en la clásica y simple canita al aire, otras son más curiosas y, por lo tanto, más susceptibles de transformarse en una anécdota que pase de padres a hijos (o madres a hijas, que nadie se vuelva loco con el heteropatriarcado).

Precisamente, la historia que os narraremos a continuación es una de esas en que un novio resultó ser más atento y perceptivo de lo que su pareja pensaba y, debido a eso, la pilló poniéndole los cuernos. Y, como nos gusta tanto la sangre como a los tiburones, nos hemos hecho con la conversación traducida.
Todo empieza con el clásico mensaje de «llegada»

De momento no hay nada fuera de lo común. Foto en el baño antes de la ducha y unas disculpas por no haber dicho nada antes, pues el vuelo llegó tarde.
Quien vea aquí algún indicio de engaño es porque se trata un auténtico mentalista, el resto del mundo seguramente verá, en este mensaje, una situación cotidiana de pareja.
Obviamente, él quería más y mejor


Ella le dice el número de habitación, pero, viendo que su novio es un sabueso, opta por adoptar esa mítica estrategia que consiste en hacer que el otro se sienta mal por no confiar en ella
Por suerte, él es una persona práctica que cree en los hechos y, después de realizar una llamada al hotel, descubre que Jackie, su novia, no estaba sola en el hotel, sino que estaba con Tom que, como veréis en el siguiente mensaje, es… su jefe.

Aquí se hace evidente cuál ha sido la prueba del delito. Lo que dinamitó la reacción del novio fue la maleta que se podía ver en la segunda fotografía que ella le había enviado.

Por desgracia, dudamos de que tengamos imágenes del desenlace completo cuando ella vuelva a casa. Pero, por lo menos, hemos podido disfrutar de esta romántica historia sobre cómo NO poner los cuernos (aunque queremos destacar que la mejor manera de que nadie se entere de que has engañado a tu pareja consiste, simplemente, en NO hacerlo).






