Hace exactamente un mes, después de que el número de casos afectados por COVID-19 fuera de China se hubiese multiplicado por 13 en dos semanas y en ese periodo los países afectados se hubiesen triplicado, la OMS finalmente declaraba al coronavirus una pandemia.
En este punto hay pocas cosas realmente nuevas que se puedan decir sin que tengan un tufillo de epifanía caduca o de metáfora malamente estirada, sí, pero a pesar de la pesadez de la reiteración es verdad que en tan solo un mes nuestras vidas se han transformado radical e irreversiblemente. Desde nuestra rutina y certezas hasta nuestros miedos y expectativas.
Medidas extraordinarias se han tomado alrededor del mundo para contener la expansión del virus y el consecuente colapso de los sistemas sanitarios de cada país. Y si bien los recursos para luchar contra la pandemia, la cultura e idiosincrasia de cada sociedad, la definición de qué es distancia social varían de país en país, el coronavirus se erige en todos los rincones como único superpoder global que nos ha hecho, tal vez como nunca antes, experimentar el mismo fenómeno casi de manera sincronizada.
Eso sí, sincronización no significa «igualdad de condiciones». La periodista Emily Maitlis acertadamente señaló en Newsnight, que el lenguaje que se ha utilizado para describir al coronavirus ha sido, por decir lo menos, engañoso: «La enfermedad no es un gran nivelador en el que las consecuencias para todos, ricos o pobres, son las mismas», así como tampoco es lo mismo tener que simplemente resistir el confinamiento encerrado en casa que seguir expuesto, a diario, trabajando como médico, repartidor, conductora de autobús, o cajero de supermercado.
Ya lo han dicho muchos otros antes y mejor que yo, el virus no solo ha dejado expuesta la vulnerabilidad de nuestra especie, sino también las inmensas carencias del sistema y de nuestros líderes. Irresponsabilidad, mezquindad, hipocresía, mentiras, oportunismo… esos otros grandes males extendidos.
Muchas de las imágenes que nos ha dejado un mes de pandemia alrededor del mundo son tan dramáticas como esta extraña tragedia anunciada, pero hay otras que son sorprendentes, fascinantes, hermosas, profundamente humanas. Imágenes que son fragmentos de esta momento de nuestra historia común cuyo desenlace es tan difícil de predecir.
Sí, todos hemos visto ya las imágenes de Times Square y la Fontana de Trevi vacías, pero también las calles de Karachi, Ciudad Juárez y La Habana lucen diferentes estos días. La rutina de los monjes en Tailandia y los campesinos de Marruecos y los policías de la India ha cambiado. Aquí algunas de las imágenes que me encuentro cada día cuando reviso las grandes agencias de noticias y que he ido guardando porque me han causado fascinación, desolación, ternura, han logrado sacarme una sonrisa… o todo a la vez. Generalmente todo a la vez. Este es un pequeñísimo reconocimiento a los fotoperiodistas, que siempre, aunque tal vez se sienta especialmente en estos días, han sido esenciales en retratar un planeta en transformación.

Manhattan Beach en California yace vacía después de que Los Ángeles emitiera una orden de permanencia en el hogar y cerrará tanto las playas como los parques estatales.

Un músico en la calle que conduce al Puente Internacional Paso del Norte, en Ciudad Juárez, donde el flujo de personas ha disminuido radicalmente, por las nuevas restricciones de viaje que han impedido que millones de mexicanos que viven cerca de la frontera con Estados Unidos cruzan a diario para trabajar.

La enfermera keniata Lucy Kanyi, que trabaja en la unidad de enfermedades infecciosas del Hospital Nacional Kenyatta en la capital, Nairobi, lleva su nombre escrito en su ropa protectora para que pueda ser reconocida cuando la usa. Las autoridades de Kenia dijeron que el viernes 13 de marzo que una mujer keniana que viajó recientemente desde Estados Unidos a través de Londres dio positivo por COVID-19, el primer caso en el país.

El oficial de policía Rajesh Babu cabalga las calles de Chennai, India, usando un casco que representa el coronavirus para informar a la población acerca del coronavirus y sus efectos y solicitar a los viajeros que se queden en casa durante el cierre nacional de 21 días que comenzó el miércoles 25.

Una estatua del Cristo redentor hecha de arena con una mascarilla adorna la playa de Copacabana. La mayor traba en la lucha contra la expansión del coronavirus en Brasil ha sido sin duda la actitud del presidente Jair Bolsonaro que aún esta semana, cuando el número de contagiados ha pasado los 16.000 y el número de muertes las 800, continúa criticando las medidas de confinamiento. Los gobiernos estatales de Río de Janeiro y Sao Paulo han expresado una preocupación creciente a medida que sus órdenes de aislamiento social pierden efectividad

Y así como Nueva York recibía al USNS, la construcción o acondicionamiento de hospitales provisionales se repite alrededor del mundo. La imagen corresponde a un hospital temporal de 2.000 camas establecido por el ejército iraní en el centro internacional de exposiciones en el norte de Teherán, Irán.







