El ser humano lleva décadas abandonando el medio rural para adentrarse en núcleos urbanos cada vez más extensos. Esto ha provocado que la naturaleza, haciendo bueno el cliché, recupere lo que es suyo. Un ejemplo lo ofrece el lobo, de regreso a sus hábitats tradicionales en Europa tras siglos combatido hasta el borde de la extinción. Similares palabras se pueden escribir sobre el oso. Esto ha generado un conflicto con los humanos que aún residen en las comunidades rurales o semi-urbanas.
¿Cómo arreglarlo? En Japón, evidentemente, con robots.
Un ejército. Durante los últimos cuatro años, una firma radicada en Naie, en Hokkaido, la segunda isla del archipiélago, ha fabricado y entregado hasta sesenta lobos-robot (a los que podríamos llamar lobots) en distintas ciudades y prefecturas del Japón profundo. Su misión es simple: ahuyentar a cualquier oso, ciervo o jabalí que se adentre en el interior de barrios residenciales a las afueras de pueblos y ciudades.






