Existe el amor a primera vista pero también existe justo lo contrario. No sabemos muy bien por qué, pero hay ocasiones en las que nos cae mal alguien nada más verlo cuando, de hecho, todavía no tenemos ningún motivo para pensar mal de esa persona.

Este juicio lo hace nuestro cerebro en un lapso muy corto de 33 milésimas de segundo y, a partir de ahí, eso condiciona nuestra forma de relacionarnos con ese desconocido o desconocida.


Distintos estudios explican que esta apreciación se puede dar a una distancia bastante larga de entre 33 y 100 metros. Es decir, que nuestro cerebro ve alguien a 100 metros de distancia y nos dice «cuidado con ese que tiene pinta de gilipollas».
¿En qué se basa el cerebro para determinar si alguien le agrada o no?
Cuando vemos a una persona nueva para nosotros, nuestro cerebro toma en cuenta los rasgos físicos que más le llaman la atención, pero sobre todo se fija en patrones o gestos y los asocia a otras personas que hayan conocido a lo largo de su vida.
Para explicarlo de forma clara: cuando no te gusta el nombre de una persona no porque sea “feo” fonéticamente hablando, sino porque lo asocias a alguien de tu pasado a quien no puedes ver (un ex, un profesor tirano, etc.).


Estas primeras impresiones no son 100% confiables y, obviamente, nuestra opinión puede cambiar con el tiempo, ya que siempre hacemos ese juicio en base a nuestra experiencia pasada.






