Yulia Gorina tenía apenas cuatro años cuando viajaba en un tren junto a su padre desde la capital bielorrusa de Minsk hasta la localidad de Osipóvichi. Durante el viaje, de unos 100 kilómetros de largo, el hombre se quedó dormido debido a que había consumido alcohol. Cuando abrió los ojos la niña había desaparecido. Este es el comienzo de una impresionante historia que tuvo un final feliz al cabo de dos décadas.

Durante todo este tiempo estuvo viviendo en Rusia, país al que, asegura, no sabe cómo llegó.
Allí vivió con sus padres adoptivos, quienes indicaron que la menor solamente les contó que recordaba que unas personas la trasladaban por distintas casas y que la obligaban a pedir limosna. Asimismo, que solo recordaba su nombre y no su apellido.
Tras enterarse que sus padres la continuaban buscando se contactó con la policía de Bielorrusia y una semana después llegó a este país, en donde se reencontró con sus padres.
Posteriormente, un examen de ADN demostró que efectivamente era la niña que había desaparecido hace 20 años.
Ella contó que está muy feliz de volver a reunirse con su familia. Por otra parte, las circunstancias de su desaparición continúan siendo un misterio.






